Archivado en: 2. Relato
Tú nunca te maquillas. Sólo alguna vez vi un poco de rímel, mal repartido, sobre esos ojos de muñeca eléctrica. Muñeca pecosa de piel eterna, de boca rosada, de pelo crespo y ondulado. Muñeca querida…
A veces te odié, como el día de tu boda en que casi no me cogiste en brazos, ni me diste besos de hada con las pestañas; o cuando nacieron tus hijos y no volviste a llamarme "Martita cara de manzanita"…
También te odio hoy, porque no me has avisado y porque estás rodeada de gente y yo te quiero para mí.
Te odio porque no voy a poder contarte mis cosas y porque nunca más trenzarás mi pelo.
Te odio porque mi padre llora y nunca le había visto llorar.
Te odio porque mi abuela, tu madre, ha vuelto a ser niña, y llora en mis brazos y no puede ni hacer pis sola…
Tú nunca te maquillas; por eso no he querido mirarte. Prefiero que sigas así. Como siempre. Como en mi cabeza. Con el pelo enredado, con tus pecas, rodeada de flores de plantas y de mí. No de coronas.